la caida es en subida...

Yo te saqué un día de allí y me encadene, te obedeci hasta donde pude mi genio amor

martes, 13 de octubre de 2009

Martes

Demasiada vanalidad. Eso fue lo que pensó al darse cuenta que la mayor causa de su sufrimiento no era mas que una simple idiotez con carencia absoluta de sentido.
Durante el día esto parecía no haberle afectado demasiado, pero una vez llegada la noche otra vez se sentía metido dentro de una bolsa, donde le dolía respirar, donde no podía pensar.
Fue horrible el hecho de haberse tenido que dar cuenta de que su felicidad estaba basada en un delirio.
Ya no le gustaba la palabra obsesión. Le resultaba enfermiza.
Y no quería sentirse una persona enfermiza, o mejor dicho, no deseaba continuar sintiéndose una de ellas.
El martes no fue un día muy productivo, tuvo que ser un poco hipócrita y gastó mucho dinero. Pensó demasiado en ella, a pesar de que poco fue lo que le sirvió como inspiración. O eso creyó él.
Porque de tanto pensar, pudo llegar a la conclusión de que podía utilizar como fuente de creatividad cualquier cosa de la vida. El odio que otras personas profesaban hacia el constantemente, la necesidad de cariño, una mancha de humedad en la pared. Solo eran disparadores.
Pero, también se dio cuenta de cierta cosa, que no le gusto absolutamente para nada.
Ella era su mayor, su absoluta y máxima devoción e inspiración sobre la tierra, y en cada línea que el escribía, cada nota a la que él le daba vida, y en cada cosa con la que el soñaba, estaba volcado un poco de ella. Porque en su vida diaria, cada momento estaba destinado a esta muchacha.
Decidió que era más que sensato decir que tenía una obsesión, aunque no le gustara como sonaba.
Pero esta obsesión últimamente estaba haciendo que tenga ideas por demás descabelladas. Si las hubiese compartido con alguna persona, estas se habrían horrorizado al instante.
Pero dentro de su cabeza, estas locas ideas sonaban de lo más coherentes y racionales.

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